sábado, 30 de enero de 2010

Palabras en el Día de la Identidad Latinoamericana y Caribeña

LATINOAMÉRICA: FORJANDO UNA IDENTIDAD


Rodrigo E. Ordóñez Sosa
Presidente de la Red Literaria del Sureste


Buenos días a todos los que nos acompañan en la celebración del Día de la Identidad Latinoamericana y Caribeña.

Hace un tiempo, mientras leía una biografía de Fray Servando Teresa de Mier y Noriega, el autor desde sus páginas me formulo la siguiente pregunta: “¿hasta cuándo seremos considerados como seres paradisíacos y lujuriosos, criaturas de sol y agua?...¿hasta cuándo vamos a ser considerados seres mágicos guiados por la pasión y el instinto?”, ese cuestionamiento a más de ocho años de distancia continúa oscilando en mis pensamientos, sobre todo hoy en día, en que la globalización nos lleva de la mano, a los estereotipos culturales, simplificaciones de modelos étnicos y construyen personajes sin identidad desde la industria del entretenimiento y la literatura comercial. Es una duda razonable, porque los modelos culturales son el telón de fondo para representar caricaturas de los latinoamericanos y borra de un plumazo cualquier rasgo de dignidad e identificación entre nosotros.
José Martí con su ensayo “Nuestra América”, Andrés Bello con su poema “La Agricultura de la Zona Torrida”, el poeta yucateco Carlos Moreno Medina en su trabajo titulado “América”, nos exhortan a mirar nuestro continente a través de su grandeza natural, de sus jóvenes naciones, a mirarnos y reconocernos en nuestras creaciones culturales, a alejarnos de las imitaciones de los modelos occidentales y encontrar nuestro lenguaje, con sus formas y giros, para cimentar las raíces de nuestra identidad como latinoamericanos.
Históricamente mantenemos una batalla a muerte con nuestro pasado, centrados muchas veces en el hubiera, en qué hubiera sucedido si la conquista no se consumaba, emborronamos cuartillas plasmando una América diferente, cuando deberíamos usar esa energía en recobrar nuestro pasado prehispánico como cimiento para forjar un proyecto a futuro, partir de ese hecho concreto para reconstruir la esperanza de la identidad continental.
Ese proyecto a futuro debe trascender las fronteras políticas, porque son sólo eso, líneas impresas en los mapas para delimitar fríamente un continente. Porque si América cae herida, por la daga de la indiferencia y los localismos fundados en las contradicciones, es nuestro deber ir a buscarla, con el fusil de la razón en el hombro, para reconstruirla, cimentarla en la hermandad de sus pueblos, y entregarle lo mejor que podemos ofrecerles: la voluntad de cambiar el mundo.
Eso es lo más importante, pareciera que pese a su juventud, América está cansada, golpeada por guerras externas e internas, los desastres naturales, nuestras tambaleantes economías, la desesperación y la angustia, pareciera que hemos olvidado nuestro compromiso como seres humanos: entregarle a nuestros hijos un futuro, donde la ética y la congruencia entre la acción y el pensamiento sean los ejes rectores de su vida, donde la solidaridad con el sufrimiento de nuestros hermanos latinoamericanos esté presente en todo momento.
Haití es un ejemplo de los problemas que nos faltan por solucionar como latinoamericanos, debemos exigir que los abismos económicos que separan a una nación de otra sean abolidos, pugnar por una mejor política económica internacional, para que todos los países se desarrollen con igualdad de oportunidades, porque como lo expresó José Martí: “estos tiempos no son para acostarnos con el pañuelo en la cabeza, sino con las armas en la almohada…las armas del juicio que vencen a las otras”. Es tiempo de reconocernos en nuestras similitudes y diferencias, es tiempo de que seamos una Latinoamérica unida para afrontar hombro con hombro lo que el destino quiera arrojarnos.

Muchas gracias
Mérida, 30 de enero de 2010
Intervención sobre los Cinco
Encuentro cubanos residentes en el exterior

Ricardo Alarcón de Quesada


La batalla por hacer justicia a nuestros Cinco hermanos presos en Estados Unidos exige un profundo examen de conciencia. No tenemos derecho a contentarnos con lo alcanzado por grandes y sostenidos que hayan podido ser nuestros esfuerzos. Tenemos que hacer mucho más y hacerlo ahora, pues este año habrá concluido toda posibilidad de encontrar una solución dentro del sistema judicial norteamericano.


En realidad, los casos de Gerardo, Antonio y René ya están cerrados y sólo pudieran revisarse mediante procedimientos extraordinarios especialmente complejos y que no ofrecen motivos para el optimismo.


Hemos conseguido desplegar una amplia campaña de solidaridad en todo el mundo, pero para la gran mayoría de los norteamericanos este caso, simplemente, no existe. Quienes en Estados Unidos controlan la información prohíben acceder a ella al pueblo norteamericano.


Sólo en Miami se publicó acerca del juicio a que los Cinco fueron sometidos. Pero en vez de actuar como informadores, casi todos los llamados “periodistas” locales, muchos de ellos pagados por el gobierno, se dedicaron a falsificar los hechos, a calumniar a los abogados defensores y a presionar abiertamente a los miembros del jurado.


Para el resto del país el que fue en su momento el juicio más largo de la historia norteamericana no atrajo ni un segundo de atención. De él no se ocupó la prensa corporativa, pese a que ante el Tribunal comparecieron almirantes y generales, asesores presidenciales y además, terroristas luciendo atuendos de guerra. Nada dijeron de la insólita exposición que allí se hizo de acciones y planes violentos que se urdían y hasta se llevaban a cabo dentro del territorio norteamericano ni de la escandalosa justificación que de ellos hicieron los fiscales y la jueza. Guardaron silencio ante las presiones y amenazas de que fueron objeto los miembros del jurado y ante sus quejas y las tímidas protestas del propio Tribunal.


Nada han dicho nunca los medios norteamericanos sobre este documento presentado por la Fiscalía en mayo de 2001 y que sus autores lo inician señalando que el paso que estaban dando carecía de precedentes en la historia de Estados Unidos. ¿Qué dice en esencia este texto titulado Petición de Emergencia y que fue dirigido a la Corte de Apelaciones de Atlanta? ¿Qué pidieron con tanta urgencia los fiscales y por qué lo hicieron?


Con todas las letras la Fiscalía admitió que era imposible demostrar la culpabilidad de Gerardo Hernández Nordelo en el infame Cargo 3 –Conspiración para cometer asesinato en primer grado– y solicitó formalmente retirar la acusación originalmente formulada contra él, la que había sido eje principal del largo litigio. Por esa razón ni la jueza del Distrito ni el Tribunal de Apelaciones aceptaron la tardía solicitud. El Jurado, en consecuencia, tuvo que pronunciarse sobre un cargo respecto al cual el propio acusador había reconocido su fracaso y había insistido en retirarlo y lo hizo de modo dramático, excepcional.


Tomó al Jurado apenas unos minutos, sin pestañear, para declarar a Gerardo culpable de algo de lo que ya no era acusado. No tuvieron los jurados la menor vacilación, ninguna duda, pese a que la Fiscalía había reconocido que “a la luz de las pruebas presentadas enfrentaba un obstáculo insuperable que conduciría al fracaso de la acusación”. Sólo en Miami pudo suceder algo semejante. Gerardo es quizás la única persona condenada a morir en prisión por un “crimen” que no existió, con el que no tuvo relación alguna y del cual el acusador reconoció carecer de evidencias. Esto fue la prueba más irrefutable de que en Miami era absolutamente imposible un juicio justo para nuestros Cinco compañeros.


Tampoco vaciló la Jueza, que conocía perfectamente lo anterior, para imponerle la descomunal sentencia, pedida por el gobierno, a dos cadenas perpetuas más 15 años de prisión. No dudó la Corte de Apelaciones, destinataria de este documento, para ratificar esa enormidad y negar a Gerardo la posibilidad de ser resentenciado en cuanto a la también falsa acusación de “espionaje” pese a reconocer explícitamente que con respecto a él hubiera correspondido hacerlo. Al negarse a revisar el caso la Corte Suprema se hizo cómplice en una iniquidad imperdonable.


El proceso de resentencias recién concluido a Ramón, Antonio y Fernando confirma, una vez más, la injusticia que sufren nuestros compañeros y la arbitrariedad del sistema norteamericano. Hubo que luchar diez años para que la Corte de Apelaciones reconociera lo que se sabía desde el primer día, lo que la defensa no se cansó de repetir: que en este caso no hubo daño a la seguridad nacional de Estados Unidos, que nadie obtuvo, ni transmitió, ni siquiera buscó información secreta alguna. En pocas palabras, aquí no hubo nada de espionaje. Por eso la Corte de Apelaciones declaró nulas esas sentencias y ordenó que les fueran impuestas otras. Todo lo antes dicho está aquí en este documento que es público, pero esto no importa a los instrumentos de la propaganda imperial y a los tontos que le hacen el juego. En las pocas ocasiones en que no pueden evitar aludir a los Cinco nunca dejan de atribuirles un “espionaje” que saben no existió.


Las nuevas sentencias dictadas contra Ramón, Antonio y Fernando son también injustas, arbitrarias e injustificables. Como las anteriores y como las que pesan sobre Gerardo y René y que fueron confirmadas por la Corte de Apelaciones. Sin embargo el proceso de resentencias a los tres compañeros dio un fruto muy importante: el Gobierno reconoció sin rodeos que existe un amplio movimiento internacional de solidaridad con los Cinco que lo obligaba a querer mostrar flexibilidad y eso permitió eliminar las cadenas perpetuas que pesaban sobre Ramón y Antonio. Como es usual, ese reconocimiento público de que Washington no puede ignorar lo que piensa el mundo, también fue censurado por sus medios de prensa. Multiplicar sin cansancio la solidaridad es el único camino.


En los últimos años varios individuos fueron hallados culpables de practicar espionaje real, con transmisión al extranjero de documentos secretos de carácter militar o relacionados con la seguridad nacional, extraídos de altos niveles del gobierno estadounidense. Ninguno recibió sanción comparable a las de nuestros compañeros, algunos hace tiempo ya que recuperaron la libertad y, en un caso, el Presidente Obama decidió que le fueran retirados los cargos, se interrumpiera el proceso de apelación y los acusados fueron enviados a casa.


¿Quieren un ejemplo concreto y muy reciente? Vean esta noticia publicada en el Washington Post el sábado 23 de enero de 2010, hace menos de una semana. James W. Fondren Jr. Era un alto oficial en el Departamento de Defensa, en Washington, donde llegó a ser subdirector de la oficina de enlace del Comando del Pacífico y fue encontrado culpable de entregar ilegalmente a un gobierno extranjero documentos clasificados del Pentágono incluyendo informaciones militares. El señor Fondren era un funcionario de jerarquía que no fue acusado de “conspirar” sino de realizar actividades tangibles de espionaje. Hace pocos días fue sentenciado por una Corte Federal de Alexandria, Virginia. No se esfuercen en adivinarlo. Lo publicó el Washington Post: 3 años de prisión.


Compatriotas:


Gerardo dijo en una ocasión que la justicia sólo vendrá cuando la dicte “un jurado de millones.” A nosotros nos toca movilizar esos millones dondequiera que estemos.


El Presidente Obama puede y debe ponerlos en libertad y tiene que hacerlo ya y sin condiciones de ningún tipo. Él debe ordenar a su Departamento de Justicia que retire los cargos que les fueron formulados a nuestros compañeros. Él sabe cómo hacerlo pues ya lo hizo en mayo del año pasado en un caso de un alto oficial condenado por espionaje.


Nuestros compañeros enfrentaron dos acusaciones fundamentales. El Cargo 2 –Conspiración para cometer espionaje–, cuya endeblez fue reconocida por la Corte de Apelaciones y el Cargo 3 –Conspiración para cometer asesinato en primer grado-, que hasta W. Bush reconoció carecer de pruebas y trató de retirarlo. ¿Qué más necesita el señor Obama para anular ambas acusaciones fraudulentas?


Debemos exigirle que lo haga. Que ese reclamo lo persiga por todas partes como una maldición gitana.


Como debe perseguirlo la demanda de que permita a Adriana visitar a Gerardo y a Olga reunirse con René. Mientras no haga lo que tiene que hacer que es permitirle a los Cinco regresar libres a sus familias y a su Patria, hay que denunciar a los cuatro vientos la inicua tortura que dura ya demasiado.


Concluyo, compatriotas, pues la hora es de acción.


Fidel dijo que los Cinco volverán.


Nosotros tenemos que actuar para que vuelvan. ¿Qué vamos a hacer?


Palacio de las Convenciones de Cuba, 29 de enero de 2010
Intervención sobre los Cinco
Encuentro cubanos residentes en el exterior

Ricardo Alarcón de Quesada

La batalla por hacer justicia a nuestros Cinco hermanos presos en Estados Unidos exige un profundo examen de conciencia. No tenemos derecho a contentarnos con lo alcanzado por grandes y sostenidos que hayan podido ser nuestros esfuerzos. Tenemos que hacer mucho más y hacerlo ahora, pues este año habrá concluido toda posibilidad de encontrar una solución dentro del sistema judicial norteamericano.

En realidad, los casos de Gerardo, Antonio y René ya están cerrados y sólo pudieran revisarse mediante procedimientos extraordinarios especialmente complejos y que no ofrecen motivos para el optimismo.

Hemos conseguido desplegar una amplia campaña de solidaridad en todo el mundo, pero para la gran mayoría de los norteamericanos este caso, simplemente, no existe. Quienes en Estados Unidos controlan la información prohíben acceder a ella al pueblo norteamericano.

Sólo en Miami se publicó acerca del juicio a que los Cinco fueron sometidos. Pero en vez de actuar como informadores, casi todos los llamados “periodistas” locales, muchos de ellos pagados por el gobierno, se dedicaron a falsificar los hechos, a calumniar a los abogados defensores y a presionar abiertamente a los miembros del jurado.

Para el resto del país el que fue en su momento el juicio más largo de la historia norteamericana no atrajo ni un segundo de atención. De él no se ocupó la prensa corporativa, pese a que ante el Tribunal comparecieron almirantes y generales, asesores presidenciales y además, terroristas luciendo atuendos de guerra. Nada dijeron de la insólita exposición que allí se hizo de acciones y planes violentos que se urdían y hasta se llevaban a cabo dentro del territorio norteamericano ni de la escandalosa justificación que de ellos hicieron los fiscales y la jueza. Guardaron silencio ante las presiones y amenazas de que fueron objeto los miembros del jurado y ante sus quejas y las tímidas protestas del propio Tribunal.

Nada han dicho nunca los medios norteamericanos sobre este documento presentado por la Fiscalía en mayo de 2001 y que sus autores lo inician señalando que el paso que estaban dando carecía de precedentes en la historia de Estados Unidos. ¿Qué dice en esencia este texto titulado Petición de Emergencia y que fue dirigido a la Corte de Apelaciones de Atlanta? ¿Qué pidieron con tanta urgencia los fiscales y por qué lo hicieron?

Con todas las letras la Fiscalía admitió que era imposible demostrar la culpabilidad de Gerardo Hernández Nordelo en el infame Cargo 3 –Conspiración para cometer asesinato en primer grado– y solicitó formalmente retirar la acusación originalmente formulada contra él, la que había sido eje principal del largo litigio. Por esa razón ni la jueza del Distrito ni el Tribunal de Apelaciones aceptaron la tardía solicitud. El Jurado, en consecuencia, tuvo que pronunciarse sobre un cargo respecto al cual el propio acusador había reconocido su fracaso y había insistido en retirarlo y lo hizo de modo dramático, excepcional.

Tomó al Jurado apenas unos minutos, sin pestañear, para declarar a Gerardo culpable de algo de lo que ya no era acusado. No tuvieron los jurados la menor vacilación, ninguna duda, pese a que la Fiscalía había reconocido que “a la luz de las pruebas presentadas enfrentaba un obstáculo insuperable que conduciría al fracaso de la acusación”. Sólo en Miami pudo suceder algo semejante. Gerardo es quizás la única persona condenada a morir en prisión por un “crimen” que no existió, con el que no tuvo relación alguna y del cual el acusador reconoció carecer de evidencias. Esto fue la prueba más irrefutable de que en Miami era absolutamente imposible un juicio justo para nuestros Cinco compañeros.

Tampoco vaciló la Jueza, que conocía perfectamente lo anterior, para imponerle la descomunal sentencia, pedida por el gobierno, a dos cadenas perpetuas más 15 años de prisión. No dudó la Corte de Apelaciones, destinataria de este documento, para ratificar esa enormidad y negar a Gerardo la posibilidad de ser resentenciado en cuanto a la también falsa acusación de “espionaje” pese a reconocer explícitamente que con respecto a él hubiera correspondido hacerlo. Al negarse a revisar el caso la Corte Suprema se hizo cómplice en una iniquidad imperdonable.

El proceso de resentencias recién concluido a Ramón, Antonio y Fernando confirma, una vez más, la injusticia que sufren nuestros compañeros y la arbitrariedad del sistema norteamericano. Hubo que luchar diez años para que la Corte de Apelaciones reconociera lo que se sabía desde el primer día, lo que la defensa no se cansó de repetir: que en este caso no hubo daño a la seguridad nacional de Estados Unidos, que nadie obtuvo, ni transmitió, ni siquiera buscó información secreta alguna. En pocas palabras, aquí no hubo nada de espionaje. Por eso la Corte de Apelaciones declaró nulas esas sentencias y ordenó que les fueran impuestas otras. Todo lo antes dicho está aquí en este documento que es público, pero esto no importa a los instrumentos de la propaganda imperial y a los tontos que le hacen el juego. En las pocas ocasiones en que no pueden evitar aludir a los Cinco nunca dejan de atribuirles un “espionaje” que saben no existió.

Las nuevas sentencias dictadas contra Ramón, Antonio y Fernando son también injustas, arbitrarias e injustificables. Como las anteriores y como las que pesan sobre Gerardo y René y que fueron confirmadas por la Corte de Apelaciones. Sin embargo el proceso de resentencias a los tres compañeros dio un fruto muy importante: el Gobierno reconoció sin rodeos que existe un amplio movimiento internacional de solidaridad con los Cinco que lo obligaba a querer mostrar flexibilidad y eso permitió eliminar las cadenas perpetuas que pesaban sobre Ramón y Antonio. Como es usual, ese reconocimiento público de que Washington no puede ignorar lo que piensa el mundo, también fue censurado por sus medios de prensa. Multiplicar sin cansancio la solidaridad es el único camino.

En los últimos años varios individuos fueron hallados culpables de practicar espionaje real, con transmisión al extranjero de documentos secretos de carácter militar o relacionados con la seguridad nacional, extraídos de altos niveles del gobierno estadounidense. Ninguno recibió sanción comparable a las de nuestros compañeros, algunos hace tiempo ya que recuperaron la libertad y, en un caso, el Presidente Obama decidió que le fueran retirados los cargos, se interrumpiera el proceso de apelación y los acusados fueron enviados a casa.

¿Quieren un ejemplo concreto y muy reciente? Vean esta noticia publicada en el Washington Post el sábado 23 de enero de 2010, hace menos de una semana. James W. Fondren Jr. Era un alto oficial en el Departamento de Defensa, en Washington, donde llegó a ser subdirector de la oficina de enlace del Comando del Pacífico y fue encontrado culpable de entregar ilegalmente a un gobierno extranjero documentos clasificados del Pentágono incluyendo informaciones militares. El señor Fondren era un funcionario de jerarquía que no fue acusado de “conspirar” sino de realizar actividades tangibles de espionaje. Hace pocos días fue sentenciado por una Corte Federal de Alexandria, Virginia. No se esfuercen en adivinarlo. Lo publicó el Washington Post: 3 años de prisión.

Compatriotas:

Gerardo dijo en una ocasión que la justicia sólo vendrá cuando la dicte “un jurado de millones.” A nosotros nos toca movilizar esos millones dondequiera que estemos.

El Presidente Obama puede y debe ponerlos en libertad y tiene que hacerlo ya y sin condiciones de ningún tipo. Él debe ordenar a su Departamento de Justicia que retire los cargos que les fueron formulados a nuestros compañeros. Él sabe cómo hacerlo pues ya lo hizo en mayo del año pasado en un caso de un alto oficial condenado por espionaje.

Nuestros compañeros enfrentaron dos acusaciones fundamentales. El Cargo 2 –Conspiración para cometer espionaje–, cuya endeblez fue reconocida por la Corte de Apelaciones y el Cargo 3 –Conspiración para cometer asesinato en primer grado-, que hasta W. Bush reconoció carecer de pruebas y trató de retirarlo. ¿Qué más necesita el señor Obama para anular ambas acusaciones fraudulentas?

Debemos exigirle que lo haga. Que ese reclamo lo persiga por todas partes como una maldición gitana.

Como debe perseguirlo la demanda de que permita a Adriana visitar a Gerardo y a Olga reunirse con René. Mientras no haga lo que tiene que hacer que es permitirle a los Cinco regresar libres a sus familias y a su Patria, hay que denunciar a los cuatro vientos la inicua tortura que dura ya demasiado.

Concluyo, compatriotas, pues la hora es de acción.

Fidel dijo que los Cinco volverán.

Nosotros tenemos que actuar para que vuelvan. ¿Qué vamos a hacer?

Palacio de las Convenciones de Cuba, 29 de enero de 2010

jueves, 21 de enero de 2010

Mensaje de los Cinco al Pueblo de Haití


Los Cinco Héroes cubanos prisioneros políticos en EE.UU. por luchar contra el terrorismo, enviaron un mensaje de aliento y esperanza al pueblo de Haití, devastado por un fuerte terremoto.

El mensaje, que publica el sitio digital CubaDebate, subraya que en este trágico y doloroso momento por el que atraviesan los haitianos, los patriotas encarcelados hacen llegar sus condolencias a los familiares de las víctimas de esta catástrofe.

Estamos seguros —señalan— que la firmeza del pueblo haitiano junto a la ayuda internacional, harán posible la recuperación de su país. En esa labor tendrán siempre la ayuda solidaria del pueblo cubano, sostienen.

Ramón Labañino, René González, Gerardo Hernández, Fernando González y Antonio Guerrero concluyen la misiva enviando un fuerte y fraternal abrazo al sufrido pueblo haitiano.
Reflexiones del Compañero Fidel
Haití pone a prueba el espíritu de cooperación

Las noticias que llegan de Haití configuran el gran caos que era de esperar en la situación excepcional creada por la catástrofe.

Sorpresa, asombro, conmoción en los primeros instantes, deseos de prestar ayuda inmediata en los más apartados rincones de la Tierra. ¿Qué enviar y cómo hacerlo hacia un rincón del Caribe, desde China, India, Vietnam y otros puntos ubicados a decenas de miles de kilómetros? La magnitud del terremoto y la pobreza del país generan en los primeros instantes ideas de necesidades imaginarias, que dan lugar a todo tipo de promesas posibles que después se tratan de hacer llegar por cualquier vía.

Los cubanos comprendimos que lo más importante en ese instante era salvar vidas, para lo cual estábamos entrenados no sólo frente a catástrofes como esa, sino también contra otras catástrofes naturales relacionadas con la salud.

Allí estaban cientos de médicos cubanos y, adicionalmente, un buen número de jóvenes haitianos de humilde origen, convertidos en bien entrenados profesionales de la salud, una tarea en la que hemos cooperado durante muchos años con ese hermano y vecino país. Una parte de nuestros compatriotas estaban de vacaciones y otros de origen haitiano se entrenaban o estudiaban en Cuba.

El terremoto superó cualquier cálculo; las casas humildes de adobe y barro ─de una ciudad con casi dos millones de habitantes─ no podían resistir. Instalaciones gubernamentales sólidas se derrumbaron, manzanas completas de viviendas se desplomaron sobre los moradores, que a esa hora, al iniciarse la noche, estaban en sus hogares y quedaron sepultados bajo las ruinas, vivos o muertos. Las calles repletas de personas heridas clamaban por auxilio. La MINUSTAH, fuerza de Naciones Unidas, el Gobierno y la Policía quedaron sin jefatura ni puesto de mando. En los primeros instantes, la tarea de esas instituciones con miles de personas fue saber quiénes quedaban con vida y dónde.

La decisión inmediata de nuestros abnegados médicos que laboraban en Haití, así como de los jóvenes especialistas de la salud graduados en Cuba, fue comunicarse entre sí, conocer de su suerte y saber con qué se contaba para asistir al pueblo haitiano en aquella tragedia.

Los que estaban de vacaciones en Cuba se dispusieron de inmediato a partir, así como los médicos haitianos que se especializaban en nuestra Patria. Otros expertos cubanos en cirugía que han cumplido difíciles misiones se ofrecieron para partir con ellos. Basta decir que antes de 24 horas ya nuestros médicos habían atendido a cientos de pacientes. Hoy 16 de enero, a sólo tres días y medio de la tragedia, se elevaba a varios miles el número de personas afectadas que habían sido ya asistidas por ellos.

En horas del mediodía de hoy sábado, la jefatura de nuestra brigada informó entre otros datos los siguientes:

"…realmente es encomiable lo que están haciendo los compañeros. Es opinión unánime que Pakistán ha quedado pequeño ―allí hubo otro gran terremoto donde algunos laboraron―; en aquel país muchas veces recibían fracturas incluso mal consolidadas, algunos aplastamientos, pero aquí ha sobrepasado todo lo imaginable: amputaciones abundantes, las operaciones prácticamente hay que hacerlas en público; es la imagen que habían imaginado de una guerra."
"…el hospital Delmas 33 ya está funcionando; el mismo tiene tres salones quirúrgicos, con plantas eléctricas, áreas de consulta, etcétera, pero está absolutamente repleto."

"…12 médicos chilenos se han incorporado, uno de ellos anestesiólogo; también ocho médicos venezolanos; nueve monjitas españolas; se espera la incorporación, de un momento a otro, de 18 españoles a los cuales la ONU y Salud Pública haitiana les había entregado el hospital, pero les faltaban recursos de urgencia que no habían podido arribar, por lo que decidieron sumarse a nosotros y comenzar de inmediato a trabajar."

"…fueron enviados 32 médicos residentes haitianos, seis de ellos iban a ir directo a Carrefour, un sitio totalmente devastado. También viajaron los tres equipos quirúrgicos cubanos que llegaron ayer."

"…estamos operando las siguientes instalaciones médicas en Puerto Príncipe:

Hospital La Renaissance.
Hospital del Seguro Social.
Hospital de la Paz."
"…funcionan ya cuatro CDI (Centros de Diagnóstico Integral)."

En esta información se transmite sólo una idea de lo que están haciendo en Haití el personal médico cubano y de otros países que laboran con ellos, entre los primeros que llegaron a esa nación. Nuestro personal está en disposición de cooperar y unir sus fuerzas con todos los especialistas de la salud que han sido enviados para salvar vidas en ese pueblo hermano. Haití podría convertirse en un ejemplo de lo que la humanidad puede hacer por sí misma. La posibilidad y los medios existen, pero la voluntad falta.

Cuanto más tiempo se dilate el entierro o la incineración de los fallecidos, la distribución de alimentos y otros productos vitales, los riesgos de epidemias y violencias sociales se elevan.

En Haití se pondrá a prueba cuánto puede durar el espíritu de cooperación, antes de que el egoísmo, el chovinismo, los intereses mezquinos y el desprecio por otras naciones prevalezcan.

Un cambio climático amenaza a toda la humanidad. El terremoto de Puerto Príncipe, apenas tres semanas después, nos está recordando a todos cuán egoístas y autosuficientes nos comportamos en Copenhague.

Los países observan de cerca todo lo que ocurre en Haití. La opinión mundial y los pueblos serán cada vez más severos e implacables en sus críticas.

Fidel Castro Ruz
Enero 16 de 2010
7 y 46 p.m.
Reflexiones del Compañero Fidel
La lección de Haití

Desde hace dos días, casi a las 6 de la tarde, hora de Cuba, ya de noche en Haití por su ubicación geográfica, las emisoras de televisión comenzaron a divulgar noticias de que un violento terremoto, con magnitud de 7,3 en la escala Richter, había golpeado severamente a Puerto Príncipe. El fenómeno sísmico se había originado en una falla tectónica ubicada en el mar, a sólo 15 kilómetros de la capital haitiana, una ciudad donde el 80% de la población habita casas endebles construidas con adobe y barro.

Las noticias continuaron casi sin interrupción durante horas. No había imágenes, pero se afirmaba que muchos edificios públicos, hospitales, escuelas e instalaciones de construcción más sólida se reportaban colapsadas. He leído que un terremoto de magnitud 7,3 equivale a la energía liberada por una explosión igual a 400 mil toneladas de TNT.

Descripciones trágicas eran transmitidas. Los heridos en las calles reclamaban a gritos auxilios médicos, rodeados de ruinas con familias sepultadas. Nadie, sin embargo, había podido transmitir imagen alguna durante muchas horas.

La noticia nos tomó a todos por sorpresa. Muchos escuchábamos con frecuencia informaciones sobre huracanes y grandes inundaciones en Haití, pero ignorábamos que el vecino país corría riesgo de un gran terremoto. Salió a relucir esta vez que hace 200 años se había producido un gran sismo en esa ciudad, que seguramente tendría unos pocos miles de habitantes.

A las 12 de la noche no se mencionaba todavía una cifra aproximada de víctimas. Altos jefes de Naciones Unidas y varios Jefes de Gobierno hablaban de los conmovedores sucesos y anunciaban el envío de brigadas de socorro. Como hay desplegadas allí tropas de la MINUSTAH, fuerzas de Naciones Unidas de diversos países, algunos ministros de defensa hablaban de posibles bajas entre su personal.

Fue realmente en la mañana de ayer miércoles cuando comenzaron a llegar tristes noticias sobre enormes bajas humanas en la población, e incluso instituciones como Naciones Unidas mencionaban que algunas de sus edificaciones en ese país habían colapsado, una palabra que no dice nada de por sí o podía significar mucho.

Durante horas ininterrumpidas continuaron llegando noticias cada vez más traumáticas de la situación en ese hermano país. Se discutían cifras de víctimas mortales que fluctúan, según versiones, entre 30 mil y 100 mil. Las imágenes son desoladoras; es evidente que el desastroso acontecimiento ha recibido amplia divulgación mundial, y muchos gobiernos, sinceramente conmovidos, realizan esfuerzos por cooperar en la medida de sus recursos.

La tragedia conmueve de buena fe a gran número de personas, en especial las de carácter natural. Pero tal vez muy pocos se detienen a pensar por qué Haití es un país tan pobre. ¿Por qué su población depende casi en un 50 por ciento de las remesas familiares que se reciben del exterior? ¿Por qué no analizar también las realidades que conducen a la situación actual de Haití y sus enormes sufrimientos?

Lo más curioso de esta historia es que nadie pronuncia una palabra para recordar que Haití fue el primer país en que 400 mil africanos esclavizados y traficados por los europeos se sublevaron contra 30 mil dueños blancos de plantaciones de caña y café, llevando a cabo la primera gran revolución social en nuestro hemisferio. Páginas de insuperable gloria se escribieron allí. El más eminente general de Napoleón fue derrotado. Haití es producto neto del colonialismo y el imperialismo, de más de un siglo de empleo de sus recursos humanos en los trabajos más duros, de las intervenciones militares y la extracción de sus riquezas.

Este olvido histórico no sería tan grave como el hecho real de que Haití constituye una vergüenza de nuestra época, en un mundo donde prevalecen la explotación y el saqueo de la inmensa mayoría de los habitantes del planeta.

Miles de millones de personas en América Latina, África y Asia sufren de carencias similares, aunque tal vez no todas en una proporción tan alta como Haití.

Situaciones como la de ese país no debieran existir en ningún lugar de la Tierra, donde abundan decenas de miles de ciudades y poblados en condiciones similares y a veces peores, en virtud de un orden económico y político internacional injusto impuesto al mundo. A la población mundial no la amenazan únicamente catástrofes naturales como la de Haití, que es sólo una pálida sombra de lo que puede ocurrir en el planeta con el cambio climático, que fue realmente objeto de burla, escarnio y engaño en Copenhague.

Es justo expresar a todos los países e instituciones que han perdido algunos ciudadanos o miembros con motivo de la catástrofe natural en Haití: no dudamos que realizarán en este instante el mayor esfuerzo por salvar vidas humanas y aliviar el dolor de ese sufrido pueblo. No podemos culparlos del fenómeno natural que ha tenido lugar allí, aunque estemos en desacuerdo con la política seguida con Haití.

No puedo dejar de expresar la opinión de que es hora ya de buscar soluciones reales y verdaderas para ese hermano pueblo.

En el campo de la salud y otras áreas, Cuba, a pesar de ser un país pobre y bloqueado, desde hace años viene cooperando con el pueblo haitiano. Alrededor de 400 médicos y especialistas de la salud prestan cooperación gratuita al pueblo haitiano. En 227 de las 337 comunas del país laboran todos los días nuestros médicos. Por otro lado, no menos de 400 jóvenes haitianos se han formado como médicos en nuestra Patria. Trabajarán ahora con el refuerzo que viajó ayer para salvar vidas en esta crítica situación. Pueden movilizarse, por lo tanto, sin especial esfuerzo, hasta mil médicos y especialistas de la salud que ya están casi todos allí y dispuestos a cooperar con cualquier otro Estado que desee salvar vidas haitianas y rehabilitar heridos.

Otro elevado número de jóvenes haitianos cursan esos estudios de medicina en Cuba.

También cooperamos con el pueblo haitiano en otras esferas que están a nuestro alcance. No habrá, sin embargo, ninguna otra forma de cooperación digna de calificarse así, que la de luchar en el campo de las ideas y la acción política para poner fin a la tragedia sin límite que sufren un gran número de naciones como Haití.

La jefa de nuestra brigada médica informó: "la situación es difícil, pero hemos comenzado ya a salvar vidas". Lo hizo a través de un escueto mensaje horas después de su llegada ayer a Puerto Príncipe con refuerzos médicos adicionales.

Tarde en la noche comunicó que los médicos cubanos y los haitianos graduados de la ELAM se estaban desplegando en el país. Habían atendido ya en Puerto Príncipe más de mil pacientes, poniendo a funcionar con urgencia un hospital que no había colapsado y utilizando casas de campaña donde era necesario. Se preparaban para instalar rápidamente otros centros de atención urgente.

¡Sentimos un sano orgullo por la cooperación que, en estos instantes trágicos, los médicos cubanos y los jóvenes médicos haitianos formados en Cuba están prestando a sus hermanos de Haití!

Fidel Castro Ruz
Enero 14 de 2010
8 y 25 p.m.